Hay viajes que cambian una vida.

Hace más de cuarenta años, un joven de 29 años llegó por primera vez a Indonesia sin imaginar que aquel viaje acabaría cambiando el rumbo de toda una familia.
Aquel joven era mi padre.
Tras recorrer distintos países de Asia, descubrió un lugar que lo fascinó desde el primer instante. Su cultura, sus paisajes y, sobre todo, la extraordinaria habilidad de sus artesanos despertaron en él una pasión que nunca volvería a abandonarlo.
Durante los años siguientes regresó una y otra vez. Recorrió distintas islas, conoció a pequeños talleres familiares y empezó a traer a España sus primeras piezas de artesanía. En aquellos años las vendía en ferias, mucho antes de que existiera la tienda que hoy conocéis.
En 1986, junto a mi madre, nació KRAKATOA.
Lo que comenzó como un sueño familiar fue creciendo poco a poco. Llegaron los primeros contenedores, la tienda se consolidó y durante muchos años abastecimos tanto a clientes particulares como a numerosos comercios de toda España.
Pero si algo nos han enseñado estas cuatro décadas es que el verdadero valor de este oficio nunca ha estado únicamente en las piezas. Siempre ha estado en las personas


Yo crecí entre aquellos viajes. Desde muy pequeño acompañé a mis padres por Indonesia, recorriendo mercados, visitando talleres y compartiendo tiempo con las familias artesanas con las que ellos habían comenzado a trabajar años atrás.
Mientras otros niños esperaban las vacaciones para ir a la playa, las mías transcurrían entre aldeas, conversaciones que no entendía del todo y el olor de la madera recién tallada. Sin darme cuenta, Indonesia también pasó a formar parte de mi vida.
Con los años aprendí su idioma, comprendí mejor su cultura y entendí que la confianza no se construye en una negociación, sino compartiendo tiempo, cumpliendo la palabra y regresando una y otra vez.
Por eso muchas de las familias con las que trabajaban mis padres hace más de cuarenta años siguen formando parte de KRAKATOA. Algunas ya son amigos de toda la vida.
Hoy soy la segunda generación al frente de la tienda y continúo viajando a Indonesia con la misma ilusión que llevó a mis padres a descubrir este país por primera vez. Viajamos para reencontrarnos con personas a las que apreciamos profundamente, descubrir nuevos trabajos artesanales y seguir aprendiendo de una cultura que sentimos muy cercana.
Cada pieza que llega a KRAKATOA ha sido elegida personalmente durante esos viajes. Sabemos quién la ha creado, cómo trabaja y cuánto tiempo ha dedicado a hacerla.Y cuando las piezas llegan a Barcelona, nuestro trabajo continúa.
Especialmente en las tallas de madera, el largo viaje por mar deja inevitablemente pequeñas huellas del transporte. Antes de que una sola pieza llegue a manos de nuestros clientes, la revisamos cuidadosamente, la enceramos, la pulimos y dedicamos el tiempo necesario para devolverle toda su belleza. Es nuestra manera de respetar el trabajo del artesano y de asegurarnos de que cada pieza llega tal y como merece.


KRAKATOA ha cambiado con los años, igual que lo ha hecho Indonesia. Pero hay algo que permanece exactamente igual desde el primer día. Seguimos creyendo que la mejor artesanía nace del tiempo. Del tiempo dedicado a aprender un oficio. Del tiempo invertido en construir relaciones. Y del tiempo que nosotros dedicamos a cuidar cada pieza antes de que encuentre un nuevo hogar.
No queremos que te lleves solo una pieza de artesanía. Queremos que, cuando la tengas entre las manos, también sientas una pequeña parte de la historia, la cultura y las personas que la hicieron posible. Porque creemos que la auténtica artesanía no solo se crea con las manos. También se construye con confianza, respeto y relaciones que perduran durante toda una vida.
Bienvenido a KRAKATOA.Esperamos que, a través de cada pieza, también puedas descubrir un pequeño pedazo de la Indonesia que cambió la vida de nuestra familia.